martes, 14 de marzo de 2017

Conquistando Marte

Hace unos días leía esta noticia, y como el asunto me interesa especialmente, he querido compartir con vosotros mis impresiones, en la línea de otro artículo que escribí hace tiempo.

A modo de resumen:
la NASA, o más bien científicos que pertenecen a esta, han sugerido una solución al problema de la atmósfera en Marte. El problema actual, y que dejó a Marte sin atmósfera en el pasado, es que su campo magnético se deterioró hasta desaparecer, según dicen repentinamente. Esto supuso que los gases se perdieran en el espacio, y ayudó a reducir las temperaturas del planeta, congelando el agua restante.
La solución sería establecer un sistema, mediante satélites, desplegadas por ejemplo mediante estructuras inflables, que genere un campo magnético artificial, a modo de escudo contra la radiación solar, y a la vez para contener mejor los gases en el planeta.
Esto no significa envolver el planeta entero, sino situarlos en una serie de puntos estratégicos, para crear el campo allí donde al parecer el gas escapa con mayor velocidad.

Debo decir que es una propuesta muy interesante a largo plazo, y que desde luego es una idea factible. No obstante, quiero compartir con vosotros otra propuesta que añadir a la anterior. La idea la tuve hace años, y debo decir que no la he visto ni leído aún en ningún medio, quizá por lo descabellada que pueda ser. En principio forma parte de un proyecto en el que estoy trabajando actualmente, y del que no puedo dar más detalles.
Desde luego, de ser realizable, quizá sea la más práctica de todas y la única que permita colonizar el planeta de forma efectiva. a muy largo plazo. Por supuesto requiere de un análisis en profundidad, que tenga en cuenta todos los factores:

Otro de los grandes retos al que nos enfrentamos es el del agua, que ya sabemos contiene el planeta rojo. Sin embargo, la gran mayoría está congelada en los polos, y desconocemos aún la cantidad exacta. El problema de colonizar cualquier planeta es que es son necesarios agua y oxígeno en grandes cantidades, para permitir sobrevivir poblaciones humanas de no demasiado tamaño. Obviamente no pueden ser abastecidos de forma ilimitada desde la Tierra, pues supondría perder recursos de nuestro planeta, y una interrupción de los suministros resultaría fatal. Si se pretendiera y fuese posible además plantar vegetales, e incluso para que plantarlos ayudara a reestablecer una atmósfera, seguiría siendo necesario el agua, pues todo el oxígeno se extraería de ella.
Como veis el agua está directamente relacionada con la atmósfera.

Pues bien, la idea consistiría en lo siguiente: desviar un cometa, o extraer grandes trozos de hielo de la luna Europa, o algún asteroide, y lanzarlos contra Marte. De esta forma se podría aumentar la proporción de agua, y facilitar y agilizar la colonización del planeta. Marte además tiene una conveniente topografía, y un tercio del planeta se encuentra entre 3 y 6 kilómetros por debajo del resto de la superficie, lo que deja espacio para unos pequeños océanos.
Pienso que esta es la única forma de lograr que la vida se desarrolle allí de forma sostenible, y sin perjuicio para nosotros, con la gran pérdida de recursos que supondría exportarlos.

En cualquier caso, si bien todavía queda para la colonización, puede que lo visitemos antes de lo que pensábamos, pues la NASA parece dispuesta a cumplir los plazos que se propuso hace unos años: para ello cuenta con un nuevo presupuesto de casi 20.000 millones de dólares, y acaba de iniciar un nuevo ciclo en el que prioriza ante todo lograr que el hombre alcance Marte antes de mitad de siglo.
Esperemos verlo...


Aparte quería compartir con vosotros este video, porque este invento me parece una pasa:

https://www.youtube.com/watch?v=v0QySTVqOJ0

jueves, 19 de enero de 2017

Unidos en la contradicción

El castellano es un idioma muy bonito, a veces fruto de extrañas contradicciones que forman nuevas palabras o le dan nuevo sentido a las viejas. Por eso he querido compartir con vosotros una de las más interesanes que he encontrado hasta ahora.
Si os interesa podéis leer el artículo entero aquí (tranquilos, no hay publicidad ni gano nada con el enlace. Como siempre redirige a Medium, donde pienso que resulta más cómodo de leer):

https://medium.com/espanol/quitar-o-remover-ab8ad9859592#.c8ut19gph

jueves, 24 de noviembre de 2016

Fragmentos de una guerra cercana

Vista de Sarajevo desde mi casa

(Por si lo preferís leer en MEDIUM)

Hace ya unos años, cuando yo apenas contaba con nueve, en el año 2000, mi familia se trasladó a Bosnia y Herzegovina. Allí permanecimos los siguientes tres años, y pese a la oposición inicial que yo y mi hermana ofrecimos —inútil en cualquier caso—, debo decir que no solo fue una aventura extraordinaria, sino que alteró mi forma de ver el mundo para siempre. ¿Cómo sería yo de no haber vivido allí? ¿Cómo entendería el mundo sin haber visto las consecuencias de una guerra reciente en un país europeo? ¿Sin haber experimentado una ciudad en la que conviven tantas culturas distintas? ¿Sin haber contemplado los bosques vírgenes y el paisaje nevado de Sarajevo? No lo sé, ni quiero saberlo.


Podría hablar de miles de cosas pues afortunadamente tengo una buena memoria, al menos cuando se trata de mi infancia, para encontrar las llaves por el contrario me temo que no resulta de mucha ayuda... Pero de entre todos estos recuerdos quería compartir con vosotros uno precisamente, que vino a mi cabeza, como suele ocurrir, mientras rebuscaba en un pequeño cajón que no abría desde hace mucho tiempo. En él una vieja bolsita de plástico, y dentro de ella balas, casquillos y restos de metralla, de granada o de mortero. Decidí entonces extraer todo el contenido para verlo detenidamente, y lo agrupé sobre un folio, como podéis contemplar en la siguiente fotografía:


Una foto publicada por P.S. Martin (@ps_martin) el

¿Por qué tenía yo aquellos elementos, y por qué los conservaba? ¿De dónde habían salido?
Podría relataros como si estuviera allí mismo el fragor de la batalla, el caos a mi alrededor y el terror en el rostro de otros niños mientras corrían para ocultarse tras algún muro, mi huida por las trincheras, cubierto de barro, ignorando las explosiones y los gritos, hasta alcanzar el túnel que permitía salir de la ciudad.
Podría, pero no sería mas que un simple ejercicio de la imaginación.


En realidad es mucho más sencillo:

Algunos fines de semana, solíamos desplazarnos a una pista de tenis situadas en las afueras. Era una pista dura, destartalada, que al menos se mantenía lisa. La red era una simple banda de plástico, de las que se usan para advertir de que hay minas cerca, sostenida por unos hierros. Lo cierto es que disfrutábamos mucho de aquello pues pasábamos la tarde en familia y de paso hacíamos algo de deporte.


La sofisticada red de la pista...

Sucede que en torno a la pista, en la arena, mientras no me tocaba jugar, un día descubrí una bala. Creo que no hace falta decir lo interesante que resultaba el hallazgo para un niño de diez años. Se lo enseñé a mi padre, emocionado, y me la guardé en el bolsillo, y por supuesto proseguí con la búsqueda, y lo mismo hice el resto de veces que estuvimos allí.
Al final terminé con esa pequeña colección que habéis visto (perdí algunas por el camino, pero las que llegaron a mi cajón las conservo como oro en paño desde entonces).

Recuerdo que ya en casa solía contemplar los distintos restos, y pensaba en lo que había sucedido con cada uno de ellos: cómo habían rebotado en las rocas o el cemento para curvarse o romperse así las balas, cómo habían explosionado las granadas...  También pensaba en quién las había disparado, desde dónde y... contra quién. Me imaginaba a un soldado disparando desde la colina, y a otros defendiéndose junto a la vieja pista, con las balas pasando de largo.
Más tarde entendí que era muy probable que aquellas balas se hubieran disparado también contra civiles, y recuerdo que aquello me entristeció. Había oído historias sobre cómo durante el cerco de la ciudad, Sarajevo, muchos buscaban causar terror, o simplemente se divertían, disparando contra cualquier persona: si una madre caminaba con su hija, disparaban contra la madre, y la niña, indefensa y asustada, incapaz de separarse de su madre, quedaba como cebo para aquellos que trataban de acercarse a ayudar o que pretendían sacar de allí a la pequeña, que eran también abatidos.

Quizá allí habían ido otros niños, a jugar, o familias tratando de dejar la ciudad por aquellos bosques —suponiendo que se atrevieran a arriesgarse con las minas—, y también habían disparado contra ellos.

No tengo forma de saberlo pero es cierto que por otro lado me alegraba, porque suponía que si aquellos pequeños trozos de metal habían llegado a mis manos, significaba que nunca habían alcanzado a nadie. Esta idea me reconforta cuando miro los restos de una guerra terrible.

Es curioso como algo tan insignificante puede acabar con la vida de una persona en unos segundos. Apenas unos gramos de plomo, cobre o hierro bastan, y caben en la palma de una mano... Estos sólo son algunos de los testigos de la tragedia que asoló esta ciudad, pero cada edificio está marcado por decenas de impactos que recuerdan a quien los mira lo sucedido hace unos años. Espero regresar algún día a Sarajevo y poder visitar de nuevo los rincones que hice míos durante mi infancia. Espero comprobar que, en efecto, el tiempo sana todas las heridas, y que el odio y la guerra queden enterrados en el pasado.


   

jueves, 15 de septiembre de 2016

Pobre blog abandonado

¡Vaya, me descuido un momento y dejo este blog abandonado! Lo cual no puede ser, porque me había propuesto darle cierta continuidad.
Si os lo estáis preguntando, no es que no haya escrito nada, pero soy más bien de escribir textos largos que de pequeñas entradas. Últimamente he estado centrado en mi segunda novela, que avanza bastante bien: 200 páginas ya, aunque me temo que al menos saldrán otras 400. Espero no tardar más de dos años...
Pero además he sacado tiempo para otras cosas, entre las cuales destaco esta crónica que estoy haciendo de mi experiencia en la JMJ en Polonia, quizá el mejor viaje que haya realizado en mi vida.
De momento aquí están las cuatro primeras entregas; aunque es cierto que están más enfocadas a quienes vinieron conmigo, con algunas bromas internas, pienso que puede resultar interesante igualmente para quienes no lo hayan vivido.

Día 1

Día 2

Día 3

Día 4

Como véis mi plataforma favorita para publicar contenido de cierta extensión es Medium, sobre todo por su comodidad y sencillez.


Por cierto que desde hace unos meses no paro en Instagram, si os gusta en especial aquí me tenéis:

martes, 5 de abril de 2016

¿Empiezas a escribir? Sin prisas

Recuerdo hace años, cuando empecé a tomarme en serio lo de escribir, que deseaba terminar pronto mi primera novela. Me preocupaba mucho empezar lo más rápido posible a meterme en este mundillo, y desde luego no es mala idea si sois jóvenes y os estáis planteando hacerlo también. Entrar pronto siempre es una ventaja, pero no debe ser algo que te obsesione.
Está bien escribir desde joven, y es un valor añadido ser capaz de publicar una novela con un mínimo de calidad antes de los veinte, pero viendo mi situación solo puedo agradecer no haberla terminado hasta que llegué a la universidad. Mi primera novela, Último Amanecer, aunque dista mucho de ser perfecta, sé que sería mucho peor si hubiese cumplido con los plazos que me autoimpuse al iniciarlas. Por suerte no fue así.

Siempre he tenido mucho que escribir, muchas historias que contar, y muchas ideas que compartir, y precisamente lo que más me ha preocupado siempre es verlas realizadas cuanto antes. Pero poco a poco estas prisas (que sigo sufriendo hoy día) me han ayudado a ver que precisamente no tienen mucho sentido cuando lo que se busca es la calidad de una obra. A menudo he tenido que reescribir pasajes completos porque tras terminarlos y releerlos entendía que carecían de alma. Y eso también me ha ayudado, a veces es inevitable e incluso aporta mucho a la historia posterior esa primera perspectiva, pero también me ha hecho perder el tiempo.

Y al final, después de tanto tiempo, analizando mi obra y la de otros autores, me doy cuenta de que por muy precoz que se sea, y por mucho empeño que se ponga, y por mucho cuidado y dedicación que se emplee, aunque se sea un genio de desbordante creatividad, la madurez es algo que marca diferencias abismales en un escrito.
Como una planta, nuestra creatividad necesita
tiempo y agua para desarrollarse.
No es lo mismo un texto escrito por alguien que haya escrito antes otros diez mil, o que haya vivido diez años más. No es lo mismo haber leído cien que doscientos libros, haber viajado o no. Desde luego, que pueden darse verdaderas obras maestras con escritores que flaqueen en alguna de estas ventajas, pero todos aquellos que han escrito algo que verdaderamente merece la pena al menos contaban con alguna de ellas. En mis propios escritos puedo ver una evolución de estilo, ahora que lo voy asentando, que mejora a fuego lento. La creatividad crece y la mentalidad se abre a medida que pasan los años y vivimos nuevas experiencias, de las que podemos aprender continuamente. Las personas que voy conociendo y los paisajes que descubro se revelan como una interminable fuente de ideas, y también las historias que leo. Como escritor es muy importante leer mucho, sobre todo al principio: puede parecer obvio, pero es que para construir algo mínimamente creativo hace falta tener algo de cultura, una base con la que trabajar y comparar, entender lo que han hecho otros y por qué, entre otras cosas para no contar lo mismo. También es imprescindible precisamente para refinar el estilo, para pulir imperfecciones y entender y admirar el lenguaje, y sus posibilidades. La creatividad no solo está en lo que dices sino en cómo lo dices, y crees en el medio que crees es importante ver cómo han dicho otros las cosas.

Por ello, he llegado a la conclusión de que, sin detenernos, no debemos tampoco apresurarnos demasiado, porque nuestros textos crecen y maduran con nosotros, y todo ese proceso enriquece enormemente —aparte de nuestras vida y persona— nuestra escritura, y de que sin ninguna duda, al igual que en la propia vida, hay una barrera muy marcada a partir de los veinte, veinticinco años que separa nuestros primeros saltos de lo que supone volar realmente.
Por supuesto que hay muchas más barreras, algunas establecidas por situaciones concretas, pero creo que esta especialmente garantiza un mínimo de vivencias y situaciones que permiten empezar a aceptar que se entiende realmente lo que se escribe.
Y por lo tanto, si empiezas a escribir, con total sinceridad siento decir: primero que, si no has alcanzado esta edad, aún te queda mucho camino para hacer algo realmente interesante, y segundo que el mero hecho de alcanzarla no garantiza que lo consigas. Invierte tiempo en formarte, en vivir experiencias que te aporten algo como persona. Y no desesperes: lo que tengas hasta ahora tiene mucho valor, pero te aseguro que es insignificante comparado con lo que podrás hacer en un tiempo. No tengas prisa, porque hasta cierto punto solo puedes esperar.




Como curiosidad comentar —si no lo he hecho ya anteriormente— que para cada una de mis novelas, y para algunos relatos, asigno canciones concretas a veces; a menudo oigo música mientras escribo, y aunque cuando estoy muy concentrado ni la escucho, otras veces trato de que sea adecuada a la escena con la que estoy trabajando. Esa música adecuada, no la suelo elegir yo exactamente, sino que oyéndola antes, en el coche o cualquier otro sitio, descubro que me evoca a la novela, o a escenas concretas de ella. En ese momento es cuando paso a vincular la novela con la canción. Algo así como el tema principal de la novela.
En el caso de "Último Amanecer" se trata de Titanium.


domingo, 21 de febrero de 2016

Paseando por Budapest

Mapa con las ciudades de procedencia de los participantes.
Y aquí estamos todos (o casi todos) los participantes.
Hace exactamente una semana regresé del "European Youth Weekend". Para los que no sepáis que es, consistió en un encuentro de 50 jóvenes de distintos países de Europa, con motivo de un congreso sobre la familia, celebrado en Budapest. La entidad que lo organizó todo fue la principal asociación de familias numerosas del país, con la que colaboró el Ministerio de Familia y Juventud de Hungría, en colaboración además con las demás asociaciones de familias numerosas de muchos otros países Europeos.



Aparte del propio congreso nosotros fuimos distribuidos en equipos para trabajar a lo largo del fin de semana, para proponer, sobre una serie de casos, políticas y medidas que creemos serían las mejores para resolverlos. El objetivo, entiendo, era aprovechar las diferentes visiones que todos tenemos dada la diversidad de los participantes, y la originalidad que puede aportar nuestra juventud. En cualquier caso fue una experiencia inolvidable, probablemente de las mejores de mi vida, y que me dejó marcado completamente. Allí tuve la oportunidad de conocer gente extraordinaria y de aprender mucho durante el desarrollo de nuestro caso (aunque por desgracia nuestro equipo no ganó). En cualquier caso, me voy habiendo ganado mucho, entre otras cosas grandes amigos repartidos por el continente, con quienes espero mantener esta nueva amistad.



Sí, mi movil hace fotos chulas.
Sobre la ciudad decir que es una de las más hermosas que he visitado —y ya he visto unas cuantas hasta ahora—, si no la que más. Es una ciudad con un casco antiguo muy extenso y numerosos monumentos, así como unas calles vivas, dentro de lo que permite el tiempo, y buena vida nocturna (visita obligada: Simpla Kertz, un garito "hiperalternativo" al que hay que ir y que no se parece a nada que haya visto en ningún sitio). La gente además es amable generalmente, y no tuve problemas para dar con personas que hablasen inglés correctamente cuando necesité ayuda. Además, para terminar de iluminarlo todo con reflejos dorados, el anchuroso Danubio. Como podéis ver, recomiendo completamente el destino.

Y en cuanto al ambiente político debo decir que me he marchado muy esperanzado, pues es de lo mejor que he visto hasta ahora en Europa. La Minsitra de Familia y Juventud (ya dice bastante del país que tenga un ministerio dedicado a estos asuntos), con la que tuvimos el placer de hablar, no solo es una persona excelentemente preparada, con cinco idiomas y experiencia internacional. Además es madre de familia y, por lo que pude hablar, deduzco que es una persona muy sensata. Debo decir que al compararlo con el nivel de los politicos a los que estoy acostumbrado aquí en España, me sorprendí gratamente.

Lo cierto es que me habría gustado disponer de algún día más para disfrutar de la ciudad y de mis compañeros, pero aquello resultó imposible. Así, aunque tardaré en recuperarme de esta aventura, vuelvo de allí con grandes (y alocadas en algunos casos) ideas para poner en marcha nuevos proyectos. Lo malo es que algunos son muy a largo plazo, pero de momento anticipo que por supuesto en su mayoría son literarios, y que me he puesto a aprender polaco. Veremos qué tal se me da.


No, no me olvido de mis proyectos más antiguos. Mi segunda novela sigue en marcha, y de momento está recibiendo buenas críticas por parte de mis lectores alfa. Hasta dentro de un año o dos de todas formas no esperéis verla publicada.

jueves, 7 de enero de 2016

Consideraciones de un director novato: PARTE 3


Y tras unos meses de estrés y desesperación: c'est fini.

O eso parecía, porque la idea de presentarnos al Festival de Teatro de la UPM ha cobrado mucha fuerza, dada la buena acogida de la obra.


Pero no nos precipitemos.
A medida que se acercaba la fecha surgían distintos problemas, se nos caía gente... Llegado un punto perdimos a un mago, y como es lógico no me quedó otra que tomar su papel.

Los últimos días fueron, en muchos aspectos, horribles. Parecía que no iba a dar tiempo a nada, y por más trabajo que hacíamos, daba la sensación de que aún faltaba un mundo por completar. Todo ello hasta el punto de que hubo que cancelar el estreno: el sistema de luces no estaba configurado, y los actores no habían ensayado cambios de escena a oscuras nunca. Un auténtico desastre.

Por suerte, la decisión de posponer el estreno fue quizá una de las más acertadas que pudimos tomar como directores; supuso un balón de oxígeno que relajó la tensión: un día es lo que nos faltaba, como pudimos comprobar.
Los ensayos se habían trabajado bien, y la gente estaba preparada para representar un papel sólido, más allá de fallos puntuales. El estreno, al menos de cara al público, fue un éxito.
Qué alegría cuando por fin llegó el día, y qué nervios. Con decir que como cartomago, me enfrentaba por primera vez a trabajar con animales, y que no había ensayado ni una sola vez la aparición de la tórtola... Aunque algunos magos puedan mirarme mal, confieso que aquella fue la primera vez en toda mi vida que ensayé algo parecido, ya con el público delante, en plena actuación. Por no decir que el día anterior descubrimos que uno de los actores, que doblaba personaje, tenía imposible llegar a tiempo a su escena, lo que me obligó a tomar el papel de un secundario que jamás había ensayado. Cierto, apenas había texto y eran dos escenas idénticas, pero a mí al menos me imponía la idea de salir sin más. Claro que, no había otra: me tuve que quedar con las ganas de ver la obra que había codirigido.
Pero qué bien salió todo.
Y la sensación de ver toda la maquinaria funcionando definitivamente ante el público... No diré que es como publicar un libro, pero casi. Así, pese al esfuerzo que supuso para mí, como director, tanto mental como físico, y por desgracia académico, puedo decir que estoy muy satisfecho con los resultados.
Por un lado por la gente: la maravillosa gente que ha compuesto el reparto, y que ha trabajado por sacar esto adelante. Sin ellos, por supuesto, habría sido imposible. Y por supuesto aquellos que nos ayudaron con la parte técnica, igual de importante.
Por el otro, lo que he aprendido a nivel personal, sobre dinámica de grupo, creo que es una experiencia que solo se puede obtener metiéndose en el lío. No existe una preparación clara, y me parece un error, ya que al final hagas lo que hagas, o casi, en cualquier profesión tiene un peso esencial la colaboración con otras personas y, si tienes ciertas aspiraciones, el saber dirigirlas. Claro que habré cometido mis errores, pero creo que el balance de aciertos es muy positivo frente a estos y aún si no lo fuera, es de estos errores de donde he obtenido una valiosísima experiencia.



http://screenrant.com/wp-content/uploads/The-Martian-viral-teaser.jpgY tras haber visto "The Martian", película bastante entretenida por cierto, recupero y amplio una breve explicación sobre el agua en Marte que escribí en facebook.
Puedes leerla AQUÍ.


 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Consideraciones de un director novato: PARTE 2

Como os iba diciendo en el post anterior, en apenas tres días se levantó la idea de mi primer proyecto teatral.

Adapté la obra de la original como pude ese fin de semana, y después Reto incluyó los cambios que consideró convenientes. Finalmente tomamos aquel borrador y lo pulimos entre los dos. Convocamos los castings y tras terminarlos contábamos con casi cuarenta personas. ¡40! Una locura, pero ya no había marcha atrás, así que incluso añadimos personajes extras para poder incluir a todo el mundo.

Lo que no podíamos imaginar es que unos días después aparecería Ptolo, antiguo miembro del grupo, director de fotografía profesional, o lo que es lo mismo: iluminador experto. Ptolo al parecer tenía algo de tiempo libre (más o menos) y se traía debajo del brazo a Víctor, escenógrafo de profesión.
En un par de días la obra que había elegido por su "sencillez" se había convertido en una de las mas ambiciosas jamás presentadas por NECN. Con deciros que vamos a proyectar en humo algunos elementos...

Todo esto se transformó en toneladas de trabajo extra, además de reuniones semanales con los directores técnicos y nuevos elementos como un coro y un grupo de bailarines, cada uno de ellos con sus propios retos. El vestuario, por cierto, será confeccionado en un 60% a mano.
Como veis la carga de trabajo, aún distribuida entre todos, es mucha, y mientras tanto todos tenemos un curso que sacar adelante, algunos trabajo, y por supuesto nuestros respectivos problemas vitales, sumando a todo ello los contratiempos.
Pero estoy aprendiendo muchísimo gracias a ello, y parte de ello es lo que quería compartir con vosotros.

En primer lugar un consejo para el futuro —al menos yo lo tomo como máxima de aquí en adelante—: nunca trabajéis con gente que no se compromete. Es triste, pero es así. A menudo hay gente que quiere participar en un proyecto, o mejor dicho, lo desea, pero no está dispuesta a involucrarse ni a aportar más que lo que les sobre al proyecto. Sinceramente, yo jamás contrataría a nadie así si tuviera una empresa, porque los ves venir, siempre aportando pegas y nunca soluciones. La realidad es que se pueden arreglar muchos contratiempos, pero cuando te llega gente así la única solución es dejar las cosas muy claras y decir adiós a quienes no pretendan cambiar. Es muy difícil hacer que un mal actor actúe bien, pero más difícil es trabajar con esa gente.
No obstante es cierto que a veces tienes que trabajar necesariamente con gente así, al fin y al cabo somos cuarenta y todos voluntarios. Ahí es donde llega el principal trabajo del director: lograr que todos confíen en ti y que anhelen trabajar en tu proyecto, que crean en él.

Por otro lado estoy aprendiendo a organizarme un poco mejor y, aunque muy poco a poco, a librarme de distracciones innecesarias. No se puede levantar una obra si no se gestiona el tiempo adecuadamente, y debo reconocer que aquí es Reto el que más ha invertido.
Y por supuesto una norma para cualquier empresa en la que nos embarquemos: lo que a priori parece una buena idea quizá no lo sea en su realización, o quizá su realización sea demasiado costosa en recursos. Hay que saber cuando dejar un camino y tomar otro, y la respuesta casi siempre es la simplicidad.

También a nivel técnico he descubierto cosas nuevas: el primer día nuestros directores de iluminación y escenografía nos pidieron la paleta de colores de cada escena. No es algo que esperáramos analizar con tanto detalle en una obra de una asociación de estudiantes, pero nos pusimos a ello.

Y por último mi apunte favorito: no me sorprendió como muchos decidieron no participar porque les propuse papeles demasiado pequeños. Lo entiendo, ya que algunos ya tienen experiencia suficiente y no les compensa invertir en un proyecto que no va a motivarlos, o no les va a suponer desafío alguno. Pero me ha sorprendido descubrir como algunos de los que se han quedado hablan de sus papeles menores como si no fueran imprescindibles. Y dirá el lector: "bueno, habrá papeles menos relevantes que otros."
En absoluto.
Hay papeles con más o menos peso en la historia, pero de cara a la obra, como director, debo decir que mi filosofía es que cada pequeño papel, cada minúsculo aporte dentro y fuera del escenario, son imprescindibles. Cuando nos ponemos a ver una película, sobre todo con las españolas —aunque eso ha cambiado bastante estos años, tengo que admitir—, muchas veces nos encontramos con una buena idea, con mejor guión, e incluso con un buen equipo técnico detrás, pero que no termina de convencernos. Esto se ve sobre todo en las series, donde el desastre es mayor. Y esa falta de calidad, esos fallos que muchas veces no acertamos a identificar, no son mas que los pequeños detalles. Cuando no se cuidan los pequeños detalles, como el attrezzo o una frase adecuada, cuando un secundario decide que su trabajo no es demasiado relevante, y no ensaya lo suficiente, o no pone el mismo empeño que el protagonista, logra que su escena no resulte creíble, que algo no cuadre en todo el esquema. Y una vez se suman todos esos pequeños errores o descuidos, se forma una enorme bola que destruye la credibilidad y la calidad del resultado. El espectador abandona la sala con una sensación de decepción, aunque el protagonista llevara su papel a la perfección y el guión resultara interesante. No existen papeles poco importantes: cada trabajo tiene que hacerse, y cada trabajo solo puede hacerlo la persona a la que has designado. Precisamente, aunque incluso ellos no lo crean así, cuando se le confía esa responsabilidad —porque es realmente una gran responsabilidad— es porque creemos que realmente esa persona va a desempeñar el papel mejor que nadie, que podemos delegar en ella para esa tarea insignificante e imprescindible.

Y esa es mi conclusión final: cuando se quieren hacer las cosas bien, todos los detalles importan.