martes, 5 de abril de 2016

¿Empiezas a escribir? Sin prisas

Recuerdo hace años, cuando empecé a tomarme en serio lo de escribir, que deseaba terminar pronto mi primera novela. Me preocupaba mucho empezar lo más rápido posible a meterme en este mundillo, y desde luego no es mala idea si sois jóvenes y os estáis planteando hacerlo también. Entrar pronto siempre es una ventaja, pero no debe ser algo que te obsesione.
Está bien escribir desde joven, y es un valor añadido ser capaz de publicar una novela con un mínimo de calidad antes de los veinte, pero viendo mi situación solo puedo agradecer no haberla terminado hasta que llegué a la universidad. Mi primera novela, Último Amanecer, aunque dista mucho de ser perfecta, sé que sería mucho peor si hubiese cumplido con los plazos que me autoimpuse al iniciarlas. Por suerte no fue así.

Siempre he tenido mucho que escribir, muchas historias que contar, y muchas ideas que compartir, y precisamente lo que más me ha preocupado siempre es verlas realizadas cuanto antes. Pero poco a poco estas prisas (que sigo sufriendo hoy día) me han ayudado a ver que precisamente no tienen mucho sentido cuando lo que se busca es la calidad de una obra. A menudo he tenido que reescribir pasajes completos porque tras terminarlos y releerlos entendía que carecían de alma. Y eso también me ha ayudado, a veces es inevitable e incluso aporta mucho a la historia posterior esa primera perspectiva, pero también me ha hecho perder el tiempo.

Y al final, después de tanto tiempo, analizando mi obra y la de otros autores, me doy cuenta de que por muy precoz que se sea, y por mucho empeño que se ponga, y por mucho cuidado y dedicación que se emplee, aunque se sea un genio de desbordante creatividad, la madurez es algo que marca diferencias abismales en un escrito.
Como una planta, nuestra creatividad necesita
tiempo y agua para desarrollarse.
No es lo mismo un texto escrito por alguien que haya escrito antes otros diez mil, o que haya vivido diez años más. No es lo mismo haber leído cien que doscientos libros, haber viajado o no. Desde luego, que pueden darse verdaderas obras maestras con escritores que flaqueen en alguna de estas ventajas, pero todos aquellos que han escrito algo que verdaderamente merece la pena al menos contaban con alguna de ellas. En mis propios escritos puedo ver una evolución de estilo, ahora que lo voy asentando, que mejora a fuego lento. La creatividad crece y la mentalidad se abre a medida que pasan los años y vivimos nuevas experiencias, de las que podemos aprender continuamente. Las personas que voy conociendo y los paisajes que descubro se revelan como una interminable fuente de ideas, y también las historias que leo. Como escritor es muy importante leer mucho, sobre todo al principio: puede parecer obvio, pero es que para construir algo mínimamente creativo hace falta tener algo de cultura, una base con la que trabajar y comparar, entender lo que han hecho otros y por qué, entre otras cosas para no contar lo mismo. También es imprescindible precisamente para refinar el estilo, para pulir imperfecciones y entender y admirar el lenguaje, y sus posibilidades. La creatividad no solo está en lo que dices sino en cómo lo dices, y crees en el medio que crees es importante ver cómo han dicho otros las cosas.

Por ello, he llegado a la conclusión de que, sin detenernos, no debemos tampoco apresurarnos demasiado, porque nuestros textos crecen y maduran con nosotros, y todo ese proceso enriquece enormemente —aparte de nuestras vida y persona— nuestra escritura, y de que sin ninguna duda, al igual que en la propia vida, hay una barrera muy marcada a partir de los veinte, veinticinco años que separa nuestros primeros saltos de lo que supone volar realmente.
Por supuesto que hay muchas más barreras, algunas establecidas por situaciones concretas, pero creo que esta especialmente garantiza un mínimo de vivencias y situaciones que permiten empezar a aceptar que se entiende realmente lo que se escribe.
Y por lo tanto, si empiezas a escribir, con total sinceridad siento decir: primero que, si no has alcanzado esta edad, aún te queda mucho camino para hacer algo realmente interesante, y segundo que el mero hecho de alcanzarla no garantiza que lo consigas. Invierte tiempo en formarte, en vivir experiencias que te aporten algo como persona. Y no desesperes: lo que tengas hasta ahora tiene mucho valor, pero te aseguro que es insignificante comparado con lo que podrás hacer en un tiempo. No tengas prisa, porque hasta cierto punto solo puedes esperar.




Como curiosidad comentar —si no lo he hecho ya anteriormente— que para cada una de mis novelas, y para algunos relatos, asigno canciones concretas a veces; a menudo oigo música mientras escribo, y aunque cuando estoy muy concentrado ni la escucho, otras veces trato de que sea adecuada a la escena con la que estoy trabajando. Esa música adecuada, no la suelo elegir yo exactamente, sino que oyéndola antes, en el coche o cualquier otro sitio, descubro que me evoca a la novela, o a escenas concretas de ella. En ese momento es cuando paso a vincular la novela con la canción. Algo así como el tema principal de la novela.
En el caso de "Último Amanecer" se trata de Titanium.


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