viernes, 28 de agosto de 2015

Gracias, por favor.

   Me gusta pensar que mis lectores tienen algún aprecio por la estética en el estilo y cierto interés en el mundo que les rodea, y me esfuerzo en mantener, dentro de mis capacidades, un mínimo de calidad. Estos parecen ambos motivos suficientes para que cualquier persona quisiera leer también este u otros medios similares, pero la realidad es bien distinta; diría que hoy día se ha perdido el buen gusto, e incluso el interés por dicho mundo, pero no sería sino una de tantas mentiras, repetidas cada decenio por sus correspondientes ancianos. Lo cierto es que el buen gusto siempre fue escaso, y el interés por cualquier cosa que sea interesante por si misma es un bien aún más exiguo.
    Si realmente se considera una persona de buen gusto, y le preocupa conocer la realidad, quizá incluso se horrorice a menudo ante las atrocidades cometidas en detrimento de ambos valores: qué narices, es nuestro mundo, si no nos interesa nuestro mundo ¿cual nos iba a interesar? Claro que no es raro que nos interesen otros —que me lo digan a mí—, siendo realmente el problema nuestro orden de prioridades, que es lo que definirá cuánto valoramos, por encima o por debajo de lo importante, las fruslerías que al fin y al cabo son una parte fundamental de nuestra vida. 


    De lo irrelevante no voy a hablar, porque curiosamente se cuela en nuestras vidas de forma irremediable, de modo que aún en las situaciones más comprometidas, y aun cuando todo lo demás falle, podemos estar seguros de que eso no faltará. Al final cada uno tiene sus aficiones, y si no las realiza las discute o las piensa.
    Me queda pues lo importante, pero para hablar de ello, antes he de advertir del peligro de esta etiqueta, que a menudo nos impide clasificar bien. Lo importante pues, puede serlo menos de lo que parece, y centrarnos en ello podría alejarnos de lo sustancial, que es en realidad lo que importa, y por ello de lo que quería hablar. Regresando a lo anterior, el problema no es que se hayan perdido el buen gusto ni el interés por lo relevante: lo que se han perdido, y ahí si debo dar la razón a los mencionados abuelos, son los modales. Por eso precisamente quiero alejarme de la temática y el tono habituales, y plantar los pies por unos minutos en nuestro mundo. Sí, sí, en nuestro mundo personal, el que mascamos cada mañana.
    Sucede que el otro día, navegando a través de la red de redes sociales (léase Facebook), topé con esto, cortesía de un amigo: