jueves, 4 de junio de 2015

Camino a Marte

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Insignia de la misión Apolo 11
20 de Julio de 1969.
Aquel día la humanidad fue una, y por unos minutos las fronteras de los países se desdibujaron e incluso desaparecieron. 600 millones de personas contemplaron los pasos de Armstrong y Aldrin, mientras el pobre Michael Collins esperaba en el módulo de mando. 600 millones de personas viendo la misma retransmisión, y hablamos del 69; incluso hoy día es una cifra descabellada para los mayores eventos. Pero claro, no todos los días se alcanza la Luna.



 
 

 Una fecha sin precedentes para la humanidad, o casi, porque la llegada a América de Cristóbal Colón en 1492 podría considerarse su equivalente renacentista. Un viaje menos sorprendente, pero con mayor impacto posterior... de momento.

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Recreación de la llegada de Colón a
las Américas, por José Garnelo y Alda
Ambos eventos dan no ya para un artículo sino para libros y libros, pero no quiero hablar hoy de ellos, sino del siguiente paso que nos espera. Del equivalente posterior que aún estamos esperando.

Vivimos en una época muy diferente, los intereses han cambiado y la situación sociopolítica mundial también; muchas cosas han mejorado, otras han ido a peor... Pero en cualquier caso, una vez se alcanzó la luna, tras unas pocas misiones más (en total 12 personas han caminado sobre la superficie del satélite), nuestra mirada se fue apartando de las estrellas y el entusiasmo por el desarrollo espacial fue perdiendo fuelle. Todo lo que se ha hecho desde entonces es recopilar datos e investigar mediante telescopios, rovers y otros elementos supervisados desde la Tierra.
Pero nunca se ha dejado de lado del todo el asunto, y ahora, poco a poco, comienza a sonar de nuevo la vieja música que impulsó a tantos pioneros, gracias esta vez al apoyo que empresas como SpaceX. Aún es pronto, es cierto, todavía queda mucho por resolver, pero podéis tener la certeza de que como entonces aquellos 600 millones de personas, nosotros contemplaremos en unos cuantos años el primer paseo marciano, el siguiente paso. Personalmente me atrevo a realizar una predicción: emplazándolo en las décadas del 2050 o 2060.

Como escritor y lector de ciencia ficción que soy, no puede interesarme más el asunto, y gran parte de mi producción incluye al planeta rojo de una u otra forma, y lo que es más importante, a la actividad del hombre en torno a este.
http://www.tendencias21.net/photo/art/grande/7730105-11964385.jpg?v=1430225457Pues bien, leyendo los últimos informes y valoraciones de distintos expertos, así como las ideas que la NASA comparte de vez en cuando al respecto, he comprobado con cierta sorpresa que una de las opciones más valoradas, y quizá la de más peso a día de hoy, es la de una misión sin retorno, en la que los astronautas vivan allí el resto de sus días. Y cierto es que podríamos aprender mucho de una experiencia así en todos los campos del saber, y sobre todo, me temo, que resultaría mucho más barato, motivo por el que se valora la opción, pero personalmente creo que no se debe condenar, aun voluntariamente, a esas personas a algo que en realidad no saben si pueden afrontar.
Por ello quiero compartir con vosotros, el esquema de una hoja de ruta que debería seguirse para que el hombre pise marte, con posibilidades de regreso. Es decir, los pasos que yo considero óptimos, como escritor y como ingeniero, para llevar a cabo la última misión con éxito.

1-El primer paso ya se ha dado, enviando los distintos rovers a explorar la superficie y recoger muestras, además de analizar el clima.

2-Este al menos si que parece estar en la hoja de ruta de la NASA: la idea es enviar de nuevo gente a la Luna o algún asteroide. Todo ello con el objetivo de probar equipos que se emplearán posteriormente en Marte, y por supuesto con fines científicos.

3-El envío y puesta en órbita de un satélite de apoyo, con instrumentación para estudiar el planeta de cerca (cámaras principalmente) y sobre todo, con un sistema de transmisión a larga distancia que permita a cualquiera sobre la superficie del planeta contactar con la Tierra con un ancho de banda adecuado. Lo ideal serían tres satélites geoestacionarios, pero ahí sí que podría resultar descabellado el presupuesto. Sin embargo, para futuras misiones, creo que contar con un satélite con buena alimentación solar, enfocado en las telecomunicaciones, podría resultar esencial. No solo nos aportaría información sobre módulos que no pudieran comunicarse por cualquier motivo, sino que de esta forma esos módulos solo tendrían que estar preparados para contactar con el satélite, que a su vez haría de intermediario con nuestro planeta, con todas las ventajas que esto conlleva.

4-El envío de distintos laboratorios autosostenibles y autónomos, mediante los que tratar de establecer pequeñas granjas, con vistas a futuros experimentos... y quién sabe si posterior colonización. Este también lo contempla la NASA, pero sin incluir el punto 3 y 5, ya pensando en establecer una base habitable directamente y sin posibilidad de vuelta atrás, lo que considero un error.
 
5-El envío de un módulo de emergencia, con combustible suficiente para regresar a la Tierra, así como alimentos (los mismos que se emplean en la ISS), agua y suministros básicos. Sería buena idea incorporar también un sistema de comunicaciones independiente del satélite, que fuera funcional al menos, como se suele decir: solo por si acaso.

6-Por último, ahora sí, la misión principal tripulada de nuevo por tres personas, con el objetivo de pasar una temporada en Marte.
 

Sé que hay muchos escépticos, otros tantos que no comprenden los beneficios de invertir en el desarrollo espacial, o que incluso cuestionan la moralidad de este mientras tantos siguen muriendo de hambre. Y puedo entender esas quejas, pero mi opinión es que es algo esencial para el ser humano como especie, e inevitable dada nuestra naturaleza. Así pues, la realidad es que dentro de poco, podremos ver con nuestros propios ojos el siguiente gran salo para la humanidad, y solo Dios sabe cuál será...

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